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Los bombardeos israelíes

Posted by Manning en 25/julio/2006

Ayer estuve viendo un interesante documental en Canal Historia sobre el Día D. El documental mezclaba imágenes de ficción con filmaciones de la época y con testimonios de algunos de los protagonistas. Llegué a ver únicamente el final del documental en el que aparecía un miembro de la resistencia francesa narrando el bombardeo de los aliados sobre Caen. A diferencia de los bombardeos de Israel sobre el Líbano, el francés no culpaba a los aliados de unas muertes provocadas por el belicismo nazi. Al igual que la actuación de la aviación israelí, los aliados lanzaron octavillas sobre Caen avisando de la acción militar e instando a la población civil a dispersarse.

Según el citado reportaje, las cifras totales del desembarco de Normandía fueron de 7.000 alemanes y 12.000 aliados muertos. Las bajas entre la población francesa superaron la suma de las militares llegando a 20.000. De haberse realizado el desembarco en la actualidad, los periódicos españoles hubieran titulado la acción bélica como “Las tropas aliadas asesinan a 20.000 civiles en la invasión de Francia“.

Eran otros tiempos. Incluso un francés, atrapado en su bodega, llegó a escribir una emotiva nota:

Es terrible saber que voy a morir después de tanto tiempo esperando la Liberación. Pero sé que gracias a mi muerte otros serán liberados.

Viva Francia. Vivan nuestros aliados.

Cierto es que resulta difícil hacer analogías históricas. Ninguna es perfecta. Lo que sí resulta más sencillo es desmentir los mitos fabricados por nuestros periodistas, tertulianos y políticos sobre los bombardeos israelíes. Las obscenas declaraciones de José Blanco, secretario de Comunicación y Organización del PSOE, acusando a los israelíes de practicar “ataques indiscriminados contra la población del Líbano” son producto de una mente malvada o ignorante. Preocupante en ambos casos, dado que pertenecen a un alto cargo del partido que actualmente ostenta el poder en España. Llueve sobre mojado, ya que el mismo presidente de la nación se puso descaradamente, aunque de parte de los terroristas y en contra de Israel. No hace más que seguir la senda de periódicos como El Mundo, hecho que recogíamos aquí.

Hay pocas excusas -en los gobernantes ninguna- para ignorar que los bombardeos israelíes son la respuesta a una agresión terrorista; una agresión que lleva perpetuándose desde el inicio mismo del Estado de Israel, y en el caso de Hezballah, desde 1982, año en el que se fundó este sangriento grupo terrorista, de inspiración iraní y que cuenta con un auténtico ejército y arsenal en el Líbano, además de un par de ministros en el gabinete libanés. Resulta difícil exonerar al Gobierno del Líbano de su cuota de responsabilidad. Como dice Rafael Bardají:

Pero el Gobierno de Beirut también es, a su vez, el verdugo de la situación. Su incapacidad para enfrentarse a las milicias de Hizbolá en la creencia de que era mejor dejarles actuar para ganárselos y no oponerse a ellos, ha llevado a que Hizbolá se convirtiera en un estado dentro del Estado. En términos de la ley internacional es el Gobierno del Líbano quien es responsable de no permitir que su territorio sea utilizado para actividades que dañan a otro estado. Cosa, que como muy bien dice el Gobierno de Israel, Beirut no ha sido capaz de garantizar. Es más, dejando crecer la red terrorista y haciendo la vista gorda frente a sus conexiones internacionales, el Gobierno libanés no ha hecho sino extender el número de objetivos legítimos a los ojos de la IDF, las fuerzas de defensa israelíes.

También hay pocas excusas para desconocer que los bombardeos no son indiscriminados, en contra de lo que afirma el ignaro Pepiño Blanco. Gracias a Mareparvum encontramos traducido un fragmento de una anotación de Strategy Page (las negritas son mías):

21 de julio de 2006: los ataques israelíes a instalaciones militares de Hizbulá están haciendo efecto, con los lanzamientos de cohetes por Hizbulá reducidos en más de la mitad (a unos 40 hoy). Israel tiene varios miles de hombres en el sur del Líbano, y están yendo tras los equipos de lanzamiento de cohetes de Hizbulá. Los israelíes han encontrado que su táctica de lanzar octavillas para advertir a los civiles de que permanezcan alejados de las zonas residenciales usadas para almacenar armas, y especialmente cohetes, ha funcionado. A pesar de los esfuerzos de Hizbulá para obligar a los civiles a quedarse en sus casas, la gran mayoría ha huido de los pueblos y vecindarios donde se sabía que Hizbulá estaba almacenando cohetes. Así, la mayor parte de las bombas israelíes han destruido cohetes y alojamientos, no gente. La ONU no ha aceptado esto, sino que se ha plegado a la versión de los medios y la propaganda pro-Hizbulá, para respaldar a los terroristas y acusar a Israel de usar una “fuerza desporporcionada”. La ONU está demandando un alto el fuego (que, para Hizbulá, se interpreta como una pausa antes de la próxima ronda de ataques a Israel). A pesar de la frecuente retórica de la ONU sobre los beneficios de la democracia, parecen tener una idea imperfecta de cómo funciona en realidad. Por ejemplo, si un grupo terrorista lanzase mil cohetes contra cualquier democracia, los ciudadanos de dicha democracia exigirían una acción militar contra los atacantes, no un alto el fuego y el evitar una “respuesta desproporcionada”.

Israel entra ahora en la segunda semana de una operación militar de tres semanas. La primera semana fue principalmente una campaña de bombardeo para dañar la capacidad de Hizbulá de desplazar fácilmente hombres y municiones, y para destruir instalaciones de Hizbulá, especialmente lugares de almacenamiento de cohetes. La campaña aérea ha alcanzado hasta ahora unos 1.200 objetivos, incluidos unos 200 lugares de almacenamiento de cohetes. Ha habido unas mil bajas libanesas, menos de una por cada ataque aéreo.

En la segunda semana pequeños grupos de tropas de tierra entran en el sur del Líbano para investigar sitios donde se sospecha que se almacenan cohetes. Esta táctica ha descubierto los sitios cuya construcción Hizbulá fue capaz de ocultar a los reconocimientos aéreos y de satélite israelíes. Hasta ahora, se ha destruido aproximadamente la mitad de los stocks de cohetes de Hizbulá, mientras que alrededor de mil cohetes se han disparado contra Israel. Se estima que Hizbulá tenía unos 14.000 cohetes, la mayoría de menor tamaño (122 mm).

Hizbulá ha entrenado también varias docenas de equipos para sacar los cohetes de sus lugares de almacenamiento y lanzarlos hacia el norte de Israel. En la tercera semana del plan militar de Israel, entrarán más tropas en el sur del Líbano, y los hombres de Hizbulá serán muertos o expulsados. En ese punto, se podrá invitar al Líbano o a la ONU a hacerse cargo de la zona, con alguna garantía (un punto peliagudo) de que Hizbulá no regrese. Si eso no funciona, Israel tiene la opción de crear una zona neutral de 30-40 km de profundidad en el sur del Líbano. Varios cientos de miles de civiles libaneses han huido ya de esa zona, y puede que no se les permita regresar hasta que se haga algo acerca de Hizbulá.

Parece que ciertamente, los bombardeos o no son indiscrimados o la capacidad militar de Israel es muy escasa. Cualquier persona con un mínimo de racionalidad apostaría por la primera opción.

Más actualizada la información, en Etimologías podemos leer un fragmento del International Herald Tribune publicado ayer:

Israel ha sido criticada por las víctimas civiles libanesas, pero Shichrur, el jefe israelí, dijo que la cifra de víctimas era baja considerando que los aviones y helicópteros israelíes habían realizado 1.500 misiones en el Líbano y que Israel había llevado a cabo más de 2.000 operaciones de artillería en el país en los últimos doce días. “Esto es una guerra y en una guerra hay errores a veces”, dijo Shichrur, notando que es particularmente difícil evitar bajas civiles cuando se combate a una fuerza guerrillera que se mezcla con la población civil. Israel ha estado advirtiendo a los civiles que viven al sur del río Litani para que se desplacen al norte para evitar ser tomados por el asalto terrestre.

“La razón para la evacuación de la población es dejarnos espacio libre y un área abierta para golpear objetivos militares y terroristas y para no tener que enfrentarnos al problema de los civiles”, dijo Schichrur. Los responsables militares israelíes dijeron que habían encontrado miles de cohetes Katyusha y otros misiles escondidos en bunkers subterráneos bien camuflados, en mezquitas, escuelas y hospitales.

Interesante también, como siempre, el artículo de Alfonso Rojo en ABC. Su conclusión:

La neutralización de los terroristas es tarea obligada del Gobierno de Líbano y de la Autoridad Palestina. Grabado a fuego en la mente de los israelíes está la idea de que la comunidad internacional no acudió en ayuda de los judíos cuando los llevaban al matadero. Su supervivencia depende de ellos y de su voluntad de luchar. Zapatero y los expertos de tertulia deberían tener presente que, con esta ofensiva, Israel no busca la guerra sino recuperar su poder de disuasión. Quiere poder vivir en paz.

Y eso es lo que hay, pese a lo que opinen nuestros pacifistas de guardia.

Publicado en paralelo en El Blog de Manning.

Una respuesta para “Los bombardeos israelíes”

  1. Los bombardeos no se prolongarán por mucho tiempo, ya que la existencia de bombas inteligentes antibunker, suministrado por el Departamento de Estado es apenas para cien misiones, y su capacidad de proyectar su poder al interior del Libano es muy limitada,de ahí su debilidad al dependeder excesivamente de los suministros americanos.
    Lo más probable es que este round lo gane Hezbolla, que cuenta con suministros ilimitados, algunos analistas hablan de las precauciones de Israel, en realidad es carencia de material, producto de librar nueve años continuos de batallas urbanas en Gaza y Csisjordania, que han erosianado al Cher Har Vi y al Ejército de Israel, de ahí que busque que otros se hagan cargo del problema, la consecuencia es que su reacción ha fortalecido a los partidarios de Siria e Irán,en el Libano, que se alegrarán de una victoria pírrica de los judios y de sus aliados, sin derramar una gota de sangre.

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